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jueves, 16 de enero de 2025

Soy más fuerte de lo que pensaba

 


Soy más fuerte de lo que pensaba

«Lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja tan apaleado, que luego aceptas cualquier maltrato y te dices a ti mismo que eso te fortalece» – El crepúsculo de los ídolos. Nietzsche. 1889.

 

Quienes me conocen bien, me describen como una mujer fuerte, tenaz, resiliente y Valiente, siempre que me lo dicen mi respuesta es: “No lo soy, la vida que me tocó vivir me obligó a serlo”.

Desde niña aprendí a sobrevivir sola, si me caía y me raspaba yo misma lavaba mi herida y me ponía un curita, si algo me dolía me encerraba en mi cuarto a pensar en cómo curarme.

Mis padres tuvieron un hijo antes de que yo naciera, me golpeaba mucho así que aprendí a sobrevivir a los golpes y a pensar rápido en soluciones para escapar lo más pronto posible de mi agresor.

Recuerdo una golpiza que me estaba dando con el tubo de la aspiradora me agaché y me “hice bolita” en el piso y cuando vi la oportunidad me metí entre sus piernas y escapé a mi habitación, sabía que iba a seguirme y sabía que iba a patear la puerta hasta tirarla así que agarré los cojines de mi cama, me puse junto a la puerta me puse los cojines en la espalda para que cuando la puerta callera sobre mí pudiera escapar por debajo, correr a la salida sin mirar atrás, tomar las llaves del carro en la entrada y salir hasta el estacionamiento donde lo guardaba mi papá y salí sin mirar atrás hasta que llegué a casa de una amiga, ella no estaba pero su abuelita sí, me vio tan mal que me permitió entrar y me pidió que le contara, me abrazó y empecé a contarle lo sucedido recuerdo que ese día le dije: “me da miedo que un día me mate a golpes, no me quiero ir, no quiero volver a mi casa” ella le llamó a mi papá habló con él y le dijo que necesitaba que garantizara mi seguridad porque de lo contrario no le iba a permitir llevarme con él de regreso a casa.

Te acostumbras al maltrato, eres como un pez que toda la vida ha vivido en una pecera, no conoces otra vida ni otro mundo y cuando te suceden cosas menos graves de las que has vivido no te lastiman y no es que seas muy fuerte, más bien las heridas de tu alma son tan profundas y tan grandes que una más pequeña o más superficial aparentemente no duele, pero más bien conoces un dolor mucho más grande e intenso que eso.

Con los años me hice fan de la lectura, amo leer y a veces si un libro me agrada podría terminar de leerlo en un par de semanas, entre toda la literatura que me encanta se encuentran los escritos de Siddartha Gautama (Buddha) una de las frases que casi llevo tatuada en el alma es: “A tus buenas acciones la felicidad las seguirá como una sombra y de la misma manera a tus malas acciones serán como la rueda que sigue la pezuña del animal que tira de tu carreta” entendí que todo tiene una razón de ser, que la vida suele reflejar lo que somos, si actuamos con amor y bondad nos irá bien y si actuamos con rencor y maldad nos irá mal, que cada uno construimos nuestro paraíso o infierno en la tierra y lo vivimos en este mundo.

Otra frase que amo y llevo en mi alma es igual de Buddha y dice: “El dolor es inevitable y el sufrimiento opcional” entendí que no puedo controlar las acciones de los demás y que a veces sus acciones me van a doler y eso no puedo cambiarlo o evitarlo, está fuera de mis manos controlar lo que otros hacen o dicen, lo que sí puedo cambiar es como enfrentarlo y mi actitud ante ello, no puedo evitar que alguien con un cuchillo me abra una herida y que eso me duela, tengo opciones, la opción de buscar unas tijeras y hacerle una herida a esa persona, puedo maldecirla, puedo tirarme a llorar, dejar que la herida se infecte o puedo lavar mi herida, curarla, cuidar de ella y aprender de la experiencia y quizá puedo reconocer en los ojos de alguien cuando va a hacerme daño y prepararme o evitarlo.

En mi vida he aprendido a abrazar el dolor como agente transformador, aprender de mis errores, aprender de cada experiencia, hacer el dolor mi amigo y mi maestro no solo de mi vida espiritual también de mi cuerpo, he aprendido a abrazar el dolor para transformar mi cuerpo y crear una mejor versión de mí misma.

Aprendí a dar amor a todo ser que cruzara en mi camino y cuando algunos de ellos me abrieron heridas en el corazón aprendí a amarme más a mí misma que a nadie en el mundo y a dar amor a quien se gana mi amor y entregarme solo a quienes son recíprocos y que eso no implica tratar mal a los demás se puede ser gentil con todos, ser amable con todos pero no puedes darle tu corazón a todos porque algunos de ellos abusarán de ti y te lastimarán, después te culparán de cambiar de ya no ser esa persona dulce y amorosa pero no es porque realmente dejaste de serlo es porque ya no pueden usarte ni abusar de tu bondad.

Quizá el dolor te hace soportar muchas cosas porque te han lastimado tanto que un golpecito no duele o parece insignificante y aparentemente aceptas malos tratos, en realidad en mi caso he adquirido la sabiduría de elegir batallas y no engancharme y como dice Cristo “poner la otra mejilla” pero no para que me golpeen de nuevo sino para no engancharme e ignorar finalmente cada persona tiene sus demonios dentro y procuro enfocarme en construir mi paraíso, perdonar, no engancharme, no guardar rencor, dedicarme a hacer lo que creo es correcto o que mis acciones sean buenas y aunque no siempre lo logro estoy dispuesta a pagar el precio por mi pedacito de cielo o infierno y al final descubrí que si soy más fuerte de lo que pensaba, pero no por resistir los impactos de la vida o por que los golpes de otros no me tiran, me hice fuerte mentalmente, espiritualmente y con un corazón capaz de amar a pesar de las heridas que muchos le han causado.

jueves, 31 de octubre de 2024

Agradecer, sanar, comprender y amar

 


Agradecer, sanar, comprender y amar.

Retrocedí mis pasos, agradeciendo lo aprendido, lo vivido, comprendiendo el ayer para vivir hoy, mañana y siempre con amor y libertad.

Tenía 13 años cuando abusaron de mí la primera vez, crecí con esa herida en mi cuerpo, mi corazón y mi alma, por años cargué culpa, odio, resentimiento, dolor y tristeza, viví la vida pretendiendo que no había sucedido pensando que así viviría feliz y no me arrepiento, hoy comprendí que cada paso tiene una razón de ser y que a los 13 años hice lo que pude con las herramientas que tuve para protegerme y cuidar de mí, ¿Qué no son las ideales?, eso ya lo sé y sé muy bien también que era una niña y no podía hacer más, me perdoné por haberme exigido actuar como adulta cuando tenía 13 años, que fui dura conmigo misma y que la compasión, comprensión y empatía que siento por otros debí sentirla conmigo misma para entender que era exigirle demasiado a una niña que estaba durmiendo en su habitación.

Me convertí en adulta y me casé, fui madre y seguí viviendo como podía arrastrando mis heridas, mis miedos y mis demonios cargando sobre la espalda pensando que había superado lo sucedido, que había encontrado la felicidad, viví inconsciente de la carga que llevaba a cuestas y el impacto que éste tenía en mi vida, me engañé a mí misma bloqueando todos mis recuerdos de esos días (sí, fueron varias veces las que entraron en mi habitación a abusar de mí) entendí que bloquear o enterrar el pasado no es superarlo, hoy puedo decir que después de trabajarlo mucho por fin superé lo que me pasó y perdoné a mi agresor, le perdí el miedo a llamarlo violador o agresor, entendí que quien hizo mal no fui yo, quien entró a mi habitación y rompió mi corazón en pedazos fue él y que había sido demasiado dura conmigo misma y aprendí a perdonarme por serlo.

Cuando mi compañero de toda la vida me dijo que no me amaba y mi relación con él terminó, sentí que mi mundo caía en pedazos, que estaba muerta por dentro y por primera vez en mi vida pedí ayuda, mi duelo no era porque lo amaba, era perder lo que tanto me aferré a construir, tuve una infancia complicada, tengo medios hermanos, mi papá fue infiel muchas veces, viví violencia, malos modos, malos tratos, fue una infancia llena de violencia de muchos tipos y lo único que yo quería era una familia, un hogar y caí en la red de un narcisista que si me dio hijos y una familia, creí que sin él la vida de mis hijos sería un infierno, creí que al quitarles a su papá iban a sufrir, estaba tan acostumbrada al maltrato que me sentía perdida sin saber qué hacer, como un pececito que toda su vida vivió encerrado en una pecera sucia y lo cambiaron a una pecera de agua limpia y creyó que su vida era buena y feliz porque el agua era cristalina, en realidad pasé del maltrato físico y verbal a un maltrato pasivo y sutil, pero igual que mi ejemplo pasé de una pecera sucia a una limpia pero ambas siguen siendo peceras, siguen siendo una prisión, el maltrato pasivo aunque no es físico sigue siendo maltrato y al soltarme en el océano sentí miedo, jamás había visto lo inmenso que es el mar, aunque es hermoso y la libertad se vive plenamente sentí miedo pues solo sabía nadar en una pequeña pecera, poco a poco me tocó descubrir el amor, empezando por mí misma, la libertad y la felicidad, no se parece en nada a lo que viví antes, ha sido un viaje maravilloso el retroceder en el tiempo para comprender en qué momento me rompí para sanar cada grieta, para deconstruir mi alma, conocerme, entenderme, aceptar mis grietas y sanarlas una a una, reconstruirme  a mí misma en una mejor versión.

Comprendí que cada suceso, cada paso y cada experiencia vivida me convirtieron en la mujer que soy ahora, que cada evento en mi vida era necesario para llegar al punto donde estoy el día de hoy no ha sido fácil he llorado por semanas enteras todas las lagrimas que no salieron de mis ojos cuando era el momento, tuve que derramarlas para limpiar mi alma con ellas y sanar cada una de mis heridas, entendí que vengo de un entorno violento, de los escombros de una familia carente de amor y de respeto, donde todo era violencia y donde mi voz fue silenciada muchas veces, las palabras que más he escuchado son “cállate, no molestes” venían de la boca de mi madre, la misma palabra me la repetía mi violador cada vez que entraba a mi habitación y yo quería gritar, el miedo me paralizaba y él cubría mi boca diciéndome “cállate” y me callé, callé por años todo lo que me dolía, callé por años lo que he vivido, me callé cada vez que alguien me lastimaba, que algo no me gustaba o me sentía herida, me callé tantas cosas tantas veces que el día que por fin lloré pude hablar y decir todo lo que viví y mi cuerpo también habló sentí dolor en cada parte de mi cuerpo, tuve vomito por días, me dolía la cabeza y no dejé de llorar en tres días seguidos, después de eso fue liberador, como si me hubiesen quitado una carga muy pesada de encima, me miré al espejo y hablé con la niña que fui, le pedí perdón por haber sido dura con ella, por juzgarla y culparla de lo que nos pasó, ella no tuvo la culpa, era una niña de 13 años dormida abrazando a su oso de peluche el día que todo pasó, me perdoné y me prometí a mí misma que iba a amarme y a protegerme siempre, que nadie volvería a callarme y le hice caso a un ángel que apareció en mi vida cuando era niña y me encerraba a llorar en el armario, se sentaba junto a mí con amor y paciencia a preguntarme ¿qué me pasaba? Y como siempre se me dijo que me callara me callé no podía hablar, aunque por dentro quería gritar y decir tantas cosas, ella me regaló una libreta y me dijo: “escríbeme, deja la libreta en la puerta y cada noche prometo leerte y contestarte, desde entonces escribir no solo me gusta, lo disfruto y me apasiona, escribir es mi lengua, mi idioma, la forma en que mi corazón expresa su sentir y mi mente plasma mis pensamientos más profundos.

En el camino me encontré con quien soy en realidad y aprendí a amar cada parte de mí, incluso las experiencias dolorosas que me trajeron aquí a esta silla enfrente de una laptop para escribir, para decir que todo lo aprendido y lo vivido es digno de agradecer porque encontré el verdadero amor, el amor que yo misma puedo darme.

Y encontré al hombre que me ama de la forma que merezco ser amada, con cada poro de mi piel, con cada cabello y estría, con sonrisas o con lágrimas, cuando soy un mar en calma o cuando mis olas se agitan y sube la marea, con un amor libre que empieza de mí para mí y comparto con él cada día.

Un amor pleno y libre de ataduras y resentimientos, un amor que es para siempre porque sin importar si estoy con él o a solas es el mismo amor, el amor que me permitió agradecer a cada persona en mi vida, incluso aquellas que me enseñaron de la forma más dura y cruel el camino, que existen un millón de formas de herir un alma, pero también existen muchas más formas de sanarla y que hay personas que llegan para enseñarte, herirte o lastimarte para que aprendas a poner límites o a amarte y protegerte a ti misma y otras que te enseñan del amor, de la bondad, algunas son luz y otras oscuridad, pero todas tienen un propósito en tu vida,

Aprendí que hay amores que desgarran el alma casi sin que te des cuenta y que te aferras a ese amor porque crees que es lo que te sostiene, cuando en realidad te sostienes a ti misma y al final de todo descubres que no es la rama de un árbol en quien debes poner tu confianza, sino en tus propias alas que son las que van a sostenerte cuando se rompa la rama.

 PD Gracias amor por enseñarme a vivir un amor bonito, donde he aprendido a amar y a dejarme ser amada, por bajar mis escudos, escucharme, comprenderme y ser mi refugio, mi hogar y mi lugar más feliz. ¡Te Amo Miguel Ángel" 

Tere de Cortéz

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